Torres San Martin, Patricia. Cine Y Genero: La Representacion Social De Lo Femenino Y Lo Masculino En El Cine Mexicano Y Venezolano

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Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 2001. 164 pp. ISBN 970-27-0053-1

Hace muchos años que Patricia Torres explora con gran versatilidad el universo del cine. Ha publicado decenas de entrevistas a directores; ha abierto innovadoras líneas de investigación; ha contribuido al rescate y la difusión de películas que se creían perdidas, y ha escrito libros enfocados en distintas vertientes de la producción y la cultura fílmicas. El primero de estos libros, Crónicas tapatías del cine mexicano (1992), fue una amena y documentada recreación de los orígenes de la prensa cinematográfica en Guadalajara entre 1917 y 1940, pero también se ha destacado como uno de los primeros textos que se enfocaron en México en ese aspecto singular de la recepción del cine que es el periodismo. Mucho del texto de Torres está en la red en "Cine y prensa en Guadalajara (1917-1940): http://www.editorial.udg.mx/ruginternet/rug18/art7.html

Luego vino Adela Sequeyro, valioso rescate de una pionera del cine nacional, y al mismo tiempo una descripción de las dificultades que encuentra una mujer que compite en condiciones de extrema desigualdad en un oficio predominantemente masculino como la dirección de películas en los años treinta. Y ahora aparece este Cine y género, que trata, como nos hace saber su subtítulo, sobre La representación social de lo femenino y lo masculino en el cine mexicano y venezolano.

Me interesa empezar el comentario de este libro con una pregunta que Patricia no se hace explícitamente, pero que subyace a su argumentación: ¿Existen en nuestros días vasos comunicantes entre los distintos cines latinoamericanos? A primera vista uno diría que es poco probable que haya semejanzas muy profundas, debido a que sólo de vez en cuando se hacen coproducciones, a que hay poca movilidad migratoria entre los creadores, intérpretes y técnicos de esos cines, y sobre todo a que las prácticas de distribución y exhibición siempre privilegian las producciones norteamericanas sobre todas las demás. Es muy difícil encontrar películas argentinas o brasileñas en nuestra cartelera, por no hablar de peruanas, colombianas o venezolanas. Y me imagino que eso sucederá también respecto al cine mexicano en Caracas, Lima, Buenos Aires o Río. ¿Por qué habrían de tener entonces elementos en común los realizadores de distintos países que casi no están en contacto?

Patricia nos explica muy convincentemente por qué, al estudiar tres cintas filmadas entre 1988 y 1991: Macu, la mujer del policía, de Solveig Hoogesteijn; Los pasos de Ana, de Marisa Sistach, y La mujer de Benjamín, de Carlos Carrera. A través de un análisis pormenorizado de estas películas, Patricia demuestra que hay afinidades generacionales entre una cineasta como Hoogesteijn, que ha hecho su obra cinematográfica en Venezuela, y Sistach y Carrera, quienes han filmado en México. Estas afinidades no son sólo formativas, como resultado de una educación en sociedades marcadas por oportunidades y carencias similares, sino también electivas.

Un primer punto de convergencia que Patricia subraya es que en las obras analizadas los realizadores proponen modos de representación que rompen con la estructura discursiva tradicional tal y como se manifestó, sobre todo en el melodrama, a partir de la Edad de Oro del cine mexicano, difundiéndose luego en el espacio hasta abarcar a toda Latinoamérica, y en el tiempo hasta llegar a nuestros días, aunque ya no en el cine sino en la televisión. Lo que Patricia encuentra entonces es que tanto en México como en Venezuela tres cineastas definieron al mismo tiempo un territorio estético y moral propio, a contracorriente del poderoso modelo dominante. Los tres, resume Patricia, subvirtieron los estereotipos tradicionales para contar historias con personajes masculinos que ya no se muestran en el centro de la acción, sino que aparecen sólo en interrelación con las figuras femeninas y con mujeres que ya no se presentan como víctimas u objetos de placer para la mirada masculina, sino como sujetos activos y libres. …