Y Tu Mama Tambien

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Dir. Alfonso Cuarón. México, 2001. Duración: 105 minutos.

El cuarto largometraje de Alfonso Cuarón ha sido un éxito de taquilla sin precedentes en México al igual que en otros países ha concitado una inesperada y popular atención. Lo que me ha interesado de este fenómeno es básicamente el espacio que ha abierto en cuanto a expresión de realidades reprimidas que difícilmente se verbalizan o que están en carne propia pero que nadie se atreve a discutir o a darles atención.

En sus anteriores largometrajes, al menos en los dos producidos en los Estados Unidos, la fuerza expresiva de las puestas en escena terminaba por pesar más que los personajes que se hacían querer. Tanto A Little Princess (1995) como Great Expectations (1998) fueron virtuosos ejemplos de un dominio expresivo que se cristalizaba en una película bien hecha y en una historia bien narrada, pero cuyas caracterizaciones no terminaban de cuajar como un examen de la condición humana que Cuarón pretendía profundizar. Son hermosas películas que para nada indicaban este desvío que significa Y tu mamá también, si se puede utilizar ese término de autopista en el contexto de la carrera de Cuarón como cineasta.

Hay un quiebre que viene de la convergencia de un excelente guión--premiado en prestigiosos festivales internacionales y co-escrito con su hermano Carlos, autor del guión de ¿Quién diablos es Juliette?--y un triángulo de inolvidables actuaciones que hace muy difícil sintetizar la cinta y enumerar sus logros. Hay una energía vital que termina por contagiarse en el espectador enganchado por la historia de dos adolescentes y una mujer madura y sabia. Por supuesto que no se trata de una obra maestra, hay demasiados puntos flojos que desmerecen el conjunto, como el exceso de contextualizaciones de la voz en off que funcionan muy bien para redimensionar a los personajes y a su país, pero que se sostienen demasiado en las palabras y que no alcanzan a visualizarse ni a integrarse a los logros dramáticos y políticos de la puesta en escena.

Pero Y tu mamá también es una demostración ingeniosa de lo que dice Adam Phillips de la monogamia como fundación de la familia y de las relaciones humanas cuyo clímax es la separación. Y todo clímax es una interrupción que nos permite saber qué está pasando, ya que el hábito cierra los ojos. De allí que la historia de los dos amigos que parecen formar una pareja indestructible y poderosa, se convierta en la película de Cuarón en un complejo proceso de descubrimiento, de dolor, de pérdida que nos remite como las mejores obras de arte a los miedos y pasiones de las que estamos hechos. En el contexto del cine joven que se está haciendo en diversos países, lo que me llama la atención es la soltura de voces y la distancia lograda con mucho éxito e inteligencia con respecto a las fórmulas hollywoodenses. Una referencia obligada es la también excelente película de Cesc Gay Krámpack (España, 2000) que se ha distribuido en los Estados Unidos con el título de Nico & Dani.

La cinta de Gay relata la historia de amistad entre dos adolescentes que se descubren a través de sus hormonas, entre drogas, pruebas, homoerotismo oculto o abierto, inseguridades e indefiniciones. Aquí hay un asunto delicado que requiere de un examen cuidadoso porque se trata no sólo de un retrato de juventud sino de un reclamo generacional de autonomía, rebeldía y libertad que parece confirmarse con las reacciones del público más joven. Los más adultos parecen escandalizarse y rechazar con asco el tono y el lenguaje tan explícitamente sexual de la película de Cuarón. Desde el arranque, Tenoch (Diego Luna) y su enamorada, en claro coito, se juran no ser infieles ante el inminente viaje a Italia de la chica. Esta escena que abre la película establece el tono caliente que se mantendrá en ebullición a través de los cuerpos y sobre todo los parlamentos de los protagonistas adolescentes. …