Academic journal article Romance Notes

Grietas En la Razon Melodramatica: El Control De Las Mujeres En Los Bandidos De Rio Frio

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Grietas En la Razon Melodramatica: El Control De Las Mujeres En Los Bandidos De Rio Frio

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MARGO Glantz es practicamente la unica critica que se ha ocupado de los personajes femeninos en la gran novela final de Manuel Payno Los bandidos de Rio Frio (1892). Pero su contribucion se limita a senalar, de manera acertada que: "El cuerpo de las mujeres del pueblo es visible, manejable--casi manoseable--, pero de forma fetichizada ... Las mujeres de la clase alta, en cambio, las mujeres decentes, tienen ojos, pelo, ropas suntuosas y joyas. Su cuerpo es suntuario, el de las otras erotico" (225). Sin embargo, este analisis de la mirada masculina, tan comun en la generacion de Payno, pareceria implicar una inmovilidad que merece ser pensada con mas detalle.

Muchas de las mujeres en Los bandidos escapan constantemente de ese reposo que permite simultaneamente su contemplacion como objetos eroticos y suntuarios, asi como su clasificacion en una matriz tipologica. Un ejemplo que aparece al principio mismo de la novela son las dos herbolarias Maria Matiana y Maria Jipila que viven "en las orillas de la gran capital" (16) en un "estrecho cuartito" (18). Sin embargo, esta localizacion puntual se desdibuja casi de inmediato:

Se les veia, ya a una, ya a la otra, por las lomas de los Remedios, por la hacienda de los Morales, por el Cabrio de San Angel y por las huertas de Coyoacan. Matiana hizo una vez una excursion a Cuernavaca y volvio con verdaderas maravillas. Maria Jipila a su vez se aventuro por el rumbo de Ameca, de Tenango, hasta Cuautla, y regreso al cabo de un mes con preciosidades, dejando, ademas, corresponsales en la montana y en el bosque de Tierra Caliente. (18)

En un solo parrafo aparece el movimiento fuera del espacio domestico y que abarca buena parte de la geografia del centro del pais. Hay que subrayar, ademas, la creacion de redes solidarias, mediante las cuales se crean intercambios y se preservan saberes tradicionales. Ademas, conforme avanza la novela, sus movilidades tambien entroncan en la economia financiera: Jipila le presta sus ahorros a otra mujer, dona Pascuala, lo que le permite a esta pagar sus deudas y salvar su rancho. A su vez, Pascuala es digna de la misma atencion. A pensar de estar casada y tener un hijo propio, uno adoptivo y un muchacho entenado, es ella la principal administradora del rancho.

A estas tres mujeres se tiene que sumar la inolvidable frutera Cecilia: "una mujerona grande, hermosota, de buenos colores, nariz chata y resuelta; ojo negro y maligno y grandes y abultados pechos que, como si estuviesen inquietos por salir a la calle se movian dentro de una camisa de tela fina" (133). Es por supuesto el tipo de descripcion a la que se refiere Glantz. Pero Cecilia, deja de ser pronto un puro cuerpo mirado. Pocas paginas mas adelante se sabe que cuando muere su madre:

A Cecilia le tocaron dos trajineras y doscientos pesos en dinero. Como durante la vida de la madre aprendio el oficio, es decir, intervenia en la carga y descarga de las canoas, cobraba los fletes, ajustaba y pagaba a los remeros y hacia frecuentes viajes a Mexico, cuando se encontro sola y huerfana ... se hallo en disposicion de manejar sus escasos bienes y mantenerse por si sola. Vendio una de las trajineras y se quedo la otra para su servicio; hacia sus viajes a Chalco y las lagunas cuando era necesario y arrendo un buen local en la Plaza del Volador. Construyo un buen tejado, que podia cerrarse de noche y que dedico al comercio de frutas. (138-39)

Cecilia ya no solo es "hermosota" sino soberanamente capaz de una vida economica independiente y, elogio grande viniendo de uno de los maximos expertos en finanzas de su siglo (Tenembaum), un preciso control de sus cuentas y una capacidad de realizar solidas inversiones, como una casa en el centro de la Ciudad de Mexico y otra en Chalco.

Finalmente dona Viviana, corredora de joyas para la aristocracia y tambien para los menos ricos, comparte caracteristicas con las mujeres anteriormente mencionadas:

En la calle de Ortega hacia su comercio con la gente rica y pudiente de la capital; recibia a las amas de llaves y lacayos y aun a las mismas senoras y duques y marqueses que necesitaban hablarle a solas y comunicarle sus asuntos con la mayor reserva. …

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