Academic journal article Hispanic Review

La Escritura Como Marca Y Máscara del Significante Ausente: Leonardo Padura Y la Visible Ausencia De Guillermo Cabrera Infante

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La Escritura Como Marca Y Máscara del Significante Ausente: Leonardo Padura Y la Visible Ausencia De Guillermo Cabrera Infante

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De rostros y máscaras, libros y bibliotecas

Al leer El rostro y la máscara -libro intradiegético de Máscaras (1997), tercera novela de la famosa tetralogía policial1 de Leonardo Padura2 sobre el año significativo de 1989-, Mario Conde, representante de la primera generación criada bajo el socialismo de Fidel Castro e indeciso policía-escritor, busca la respuesta al enigma de la transfiguración de un presunto travestí asesinado en el propio mecanismo de la máscara:

[EJ1 problema ... no era ser, sino parecer; no era el acto, sino la representación; ni siquiera era el fin, sino el medio como su propio fin: la máscara por el placer de la máscara, el ocultamiento como verdad suprema. Por eso le pareció lógica la identificación del travestismo humano y del camuflaje animal, no ya para cazar o para defenderse, sino para ejecutar uno de los sueños eternamente perseguidos por el hombre: la desaparición. . . . Era ... aquella voluntad de enmascararse y confundirse, la de negar la negación y sumarse a la tribu común de las mujeres.3 (Máscaras 73-74)

Esta reflexión -ya en sí un enmascaramiento de las teorías de Severo Sarduy, que es el Recio de la novelapuede aplicarse también al autor de la tetralogía y de los monumentales textos pseudobiográficos donde se persigue a un personaje enmascarado y/o perdido en la compleja historia de la isla de Cuba.4 Si en el nivel de la historia narrada todas estas novelas siguen el modelo de la búsqueda y el desenmascaramiento (del personaje desaparecido, disfrazado, olvidado, asesinado -o asesino-), en el nivel del discurso que presenta la historia se caracterizan simultáneamente por una alta intertextualidad que relaciona los textos de Padura tanto con escritores como J.D. Salinger, Ernest Hemingway, Raymond Chandler o Manuel Vázquez Montalbán, como también con varios autores de la literatura cubana -de la isla o del exilio, como es el caso de Sarduy en el ejemplo citado-.5 De esta manera, la escritura de Padura no solo tematiza, sino que opera constantes transfiguraciones: de otros textos en el suyo y de sus propios textos en palimpsestos que hacen traslucir y reescribir la tradición literaria, centro mismo de las novelas de Padura.

La literatura -tema predilecto del autor cubano-6 constituye al mismo tiempo el objeto del deseo principal para sus protagonistas, todos ellos a su vez escritores fracasados o sin obra.7 Así, las novelas del autor cubano se hacen autorreíérenciales, máscaras de su autor, y se transmutan en palimpsestos, cajas de citas o bibliotecas que conservan la memoria literaria mundial, en especial la cubana.8

La biblioteca como espacio de textos acumulados también aparece explícitamente en la obra de Padura.9 Sintomática para ilustrar la fascinación ejercida por los templos de la lectura es la descripción de la biblioteca de los Ferrero en La neblina del ayer (2005), ubicada en el palacio arruinado de los Montes de Oca y cuyos dueños partieron al exilio hace mucho tiempo. Allí Conde se siente en el país de las maravillas, donde tal vez se esconda un tesoro o secreto perseguido desde siempre por el expolicía y vendedor de libros que, precisamente aquí, se transforma en buscador del Grial cercano al objeto de su deseo:

Paralizado ante aquel prodigio, consciente del ritmo torpe de su respiración, Conde pensó si tendría fuerzas y se atrevió a dar tres pasos cautelosos. Cuando traspuso el umbral descubrió, ya totalmente estupefacto, que la acumulación de estantes repletos de volúmenes se extendía hacia los lados de la habitación, cubriendo todo el perímetro del local, de unos cinco por siete metros. . . . Conde tuvo la nítida sensación de que aquel recinto era como un santuario perdido en el tiempo[.] (24-25)

De recuperaciones y omisiones de la memoria literaria cubana

Lo que se encuentra en la biblioteca de La neblina del ayer, hortus conclusus y sala hechizada, al margen del paso del tiempo, el hambre y la precariedad, es la memoria cultural de Cuba, una acumulación libresca de incalculable valor que incluye, entre otras muchas joyas, "la primera edición de La joven de la flecha de oro, la novela de Cirilo Villaverde, en aquella impresión inicial y mítica hecha en La Habana por la famosa tipografía de Oliva, en 1842" (25), o

una primera edición . …

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