Academic journal article Journal of Research in Gender Studies

Carmen Laforet: De Mujer Invisible a la Voz De Una Generación

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Carmen Laforet: De Mujer Invisible a la Voz De Una Generación

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Introducción

Que los autores de medio siglo han recibido una especial atención por la crítica lo demuestran los numerosos estudios escritos y publicados. En contrapunto, la situación de las autoras ha sido muy distinta. A pesar de existir un nutrido número de mujeres escritoras, sólo tres han tenido el honor de hallarse entre las privilegiadas y, como tal, figurar en los libros de historia de la literatura y de la crítica. Aun así, estas autoras apenas reciben un mero apunte biográfico. Este es el caso de Eulalia Galvarriato,1 Paulina Crusat,2 Esperanza Ruíz Crespo, Isabel Calvo de Aguilar, Mercedes Ballesteros,3 Carmen García Bellver entre otras, de las que poco se sabe o, simplemente, no se ha vuelto a hablar según destaca Montejo Gurruchaga (2003).

Las tres grandes afortunadas han sido Carmen Laforet considerada precursora del neorrealismo con Nada, novela con la cual obtuvo el Premio Nadal en 1944, Ana María Matute que "emerge al mundo creativo", según Montejo Gurruchaga (2003: 91), tras dos décadas de silencio, con la publicación de Olvidado rey Gudú (1996) y su posterior ingreso en la Real Academia Española en 1998 y, por último, Carmen Martín Gaite, ganadora del Premio Nadal en 1985 con Entre visillos.

Aproximación a la situación general de la mujer de posguerra

No nos extraña, que, la mujer, sobre la que Gustavo Adolfo Bécquer solía decir que su espíritu tiene tanto que ver con la poesía y la literatura, en general, haya tenido que llevar una ardua lucha para hacer oír su voz en un mundo patriarcal, en el que su actividad quedaba relegada a lo doméstico. Las escritoras de posguerra han tenido que pelear para publicar sus obras y recibir su merecido reconocimiento como tan bien explicaba Isabel Allende, desde el otro continente, en aquel tiempo, no sólo era difícil vencer los prejuicios de los editores, sino también las críticas de los profesores y hasta de los mismos lectores.

Tampoco nos extraña el hecho de que, darse a conocer en el mundo literario de la inmediata posguerra española era un acto de valentía, toda una hazaña en una época en la que participar en la vida cultural, económica o social española era una tarea siempre reservada para hombres. Las mujeres estaban destinadas a quedarse recluidas en la esfera privada del hogar y, si trabajaban, debían resignarse a sufrir una enorme discriminación sexual y clasista del trabajo. A eso hacía referencia Federico García Lorca (1936) cuando aludía a la condición de la mujer a través de la famosa frase pronunciada por su protagonista Bernarda Alba: "Hilo y aguja para las hembras. Látigo y muía para el varón" en una sociedad en la que las estadísticas ponían de manifiesto que pocas mujeres llegaban a la universidad y, aunque, a finales de los años 20, había más mujeres universitarias, prácticamente ninguna ejercía su carrera después de licenciarse.

Carmen Laforet: de joven escritora a mujer invisible

Carmen Laforet al terminar su primera novela, era según la describe el que más tarde llegaría a ser su esposo, Manuel Cerezales (1985), "una joven de veintitrés años, menuda, risueña, muy atractiva, tanto por su presencia física, con una cabeza de facciones angulosas y de bella talla ósea, como por su carácter, libre de prejuicios y de convencionalismos sociales. (...) su persona, nada llamativa, llamaba -valga el contrasentido- la atención". Según el mismo Cerezales, a esta "chica canaria del Ateneo", aunque nacida en Barcelona, se la identificaba por el acento. Llegó a conocerla gracias a Nada, según confesaba en una ocasión en la que se le preguntaba acerca de la novela: "le debo el conocimiento y la amistad con Carmen Laforet; una amistad que tiempo después fraguó en un proyecto de vida en común, al cual hoy deben -quién lo diría- su existencia cinco hijos y un montón de nietos".

Y, efectivamente, al acabar la Guerra Civil, en España, se dio a conocer una escritora, tan joven que determinó a Carmen Martín Gaite (1986) a afirmar que "era una muchachita de veintitrés años de la que nadie había oído hablar, y que se descolgaba con una historia cuyos conflictos contrastaban de forma estridente con los esquemas de la novela rosa habitualmente leída y cultivada por mujeres". …

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