Academic journal article Bulletin of Hispanic Studies

Los Monarcas Bíblicos En El Centiloquio De Santillana

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Los Monarcas Bíblicos En El Centiloquio De Santillana

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El condicionamiento o, al menos, la aspiración a cierto grado de influencia formativa de carácter ético, intelectual y, de una u otra manera, político (sea de un individuo sea de un grupo social) yace en la base del propio concepto, método y proceso de la educación. De allí que una obra propedéutica permite, quizá más que cualquier otro texto producido en el mismo contexto histórico- social, asomarnos a la ideología imperante en aquel segmento de la sociedad al que pertenece el autor, a la vez que al ideario del mismo.

Analizando desde esta perspectiva el Centiloquio de Santillana, obra también conocida simplemente como Proverbios, se hace patente que cumpliendo el encargo de Juan II de Castilla,1 el Marqués -hombre de gran erudición,2 pero también hombre de acción- no se limitó a presentar al joven príncipe Enrique una colectánea de sentencias y castigos de manifestado arraigo en la tradición medieval europea de educación para príncipes.3 Precisamente por ser éste un texto destinado a formar las ideas y el comportamiento del futuro monarca, también es una obra esencialmente política no sólo en cuanto a su contenido, sino también en su intencionalidad. Sin embargo, hasta la fecha a penas si se ha prestado atención a este carácter 'casi programático' de la obra (Morrás 2012:42). La intencionalidad política de la obra del Marqués se enmarca en un contexto sociopolítico más amplio, que tinta notoriamente el quehacer de la alta nobleza en este momento histórico. Así retrata la tesitura histórico-política en la que se produce el Centiloquio Quintanilla Raso:

[l]a función política siguió siendo una referencia obligada para una nobleza, que había puesto en marcha todo tipo de recursos de legitimación de su esencia privilegiada, de su liderazgo social y, desde luego, de su papel militar y político en el reino. La construcción ideológica y jurídica de la autoridad monárquica, y la consiguiente consolidación de los poderes regios en la Castilla de fines de medioevo, obligaron a los integrantes del segmento altonobiliario a iniciar un inevitable proceso de búsqueda de su identidad en este terreno, en el que la idea de 'servicio' aparecía como determinante. Los grandes nobles, en su condición de 'servidores de la monarquía', mantuvieron participación directa en los aparatos de soberanía, y manejaron recursos directos e indirectos [...] para hacer valer sus intereses [...]. (2001: 99; el énfasis en cursiva es mío)

No es de sorprender, por tanto, que a través de su particular espejo de príncipes en verso, Santillana venga a transmitir un mensaje político: una reivindicación de la vital importancia de la alta nobleza para la monarquía, pues la tarea del buen gobierno, según viene a enfatizar el Centiloquio, depende en gran medida de saber el monarca elegir y seguir a un buen consejero.4 Un significativo papel en la configuración de este mensaje político juegan una serie de ejemplos de origen veterotestamentario;5 una serie de casos ejemplares que, además de ser 'un importante acto estilístico' (Lapesa 1957: 19), también forma parte de la configuración del mensaje político del Marqués.

Santillana recurre a los textos escriturísticos en reiteradas ocasiones, así en forma de citas como en la de alusiones a sus personajes.6 Mientras que las citas bíblicas se hallan mayoritariamente en las glosas con las que el erudito cortesano acompaña sus versos,7 un elenco de personajes veterotestamentarios engrosa el repertorio de ejemplos y contraejemplos ilustrativos que vienen a respaldar y, en cierta medida, a ampliar sus consejos y sentencias. Entre estos ejemplos escriturísticos, llaman especial atención los personajes de los monarcas. Por casualidad, o buscando el simbolismo de la perfección del número siete, son precisamente siete los monarcas veterotestamentarios que pueblan los versos del Marqués. En su conjunto, estos siete ejemplos ilustran las cuatro virtudes cardinales.8 La más preeminente entre las cuatro, a la que el Marqués vuelve una y otra vez tanto directa como indirectamente, es la virtud de la prudencia. …

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