Academic journal article Hispanic Review

ANIMALIDAD Y SEXUALIDAD EN TRES CASOS MONSTRUOSOS DE LA CR&OacuteNICA PERUANA (SIGLOS XVI Y XVII)

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ANIMALIDAD Y SEXUALIDAD EN TRES CASOS MONSTRUOSOS DE LA CR&OacuteNICA PERUANA (SIGLOS XVI Y XVII)

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Introducción

Los monstruos imaginados por los cronistas que viajaron por América, y en particular por el Virreinato del Perú, han permanecido durante siglos dormidos en el archivo colonial. Este artículo sigue algunas de sus huellas, explorando genealogías y procedencias en tres ejemplos ofrecidos por cronistas peruanos de los siglos XVI y XVII. El primer monstruo se encuentra en la Crónica del Perú (1553) de Pedro Cieza de León (1518-1554). El segundo ejemplo es de las Elegías de varones ilustres de Indias (1589) de Juan de Castellanos (1522-1607), con versiones similares en Fray Pedro Simón (1574-1628) y en Antonio de León Pinelo (1595-1660). Finalmente, el último caso pertenece a Pedro Ordóñez de Ceballos (i545-47?-i63o) y lo hallamos en su Historia y viaje del mundo (1614). Estos tres especímenes pertenecen al período del descubrimiento y conquista de América, y al espacio geopolítico del Virreinato del Perú y sus fronteras. Se trata de monstruos que pueden considerarse híbridos transoceánicos, ya que poseen elementos europeos y americanos. En sus figuras confluyen nociones raciales y sexuales que reflejan la jerarquía moral y normativa ibérica del mundo, pero también elementos culturales indígenas que disputan esas nociones. Propongo que estos monstruos se formaron como fetiches del discurso colonial (Bhabha 74), que enmascaraban y encubrían al otro andino, así como los temores de los españoles que se enfrentaban a lo desconocido. Mediante este estudio, sugiero que es posible "descolonizar" estas figuras, al comprender sus genealogías y contextos de enunciación.

No es tarea fácil delimitar lo monstruoso como objeto de estudio, ya que estamos frente a híbridos que provienen de diferentes genealogías y tradiciones culturales; en nuestros tres casos, estas son sobre todo europeas, pero también hay influencias de lo americano. No hay un criterio compartido entre los autores que han estudiado la teratología de la Modernidad temprana sobre cómo establecer definiciones y clasificaciones. Para Héctor Oliva Santiesteban, por ejemplo, resulta "difícil . . . agotar las posibilidades monstruosas para delimitar así su estudio, para definirlo. Las fronteras entre teratología fantástica y teratología médica son móviles y engañosas" (60). El autor se está refiriendo a la diferencia entre los monstruos antiguos, aparecidos en los tratados de historia natural latinos y los libros de viajes medievales, y aquellos presentes en los tratados renacentistas de carácter "médico" o moderno, en los que el monstruo es presentado en menor medida como prodigio y se lo trata de explicar científicamente. Coincidiendo en la dificultad para clasificar los monstruos del siglo XVII, Stephen Pender afirma: "the dynamic attempt to naturalize the monster through the discourses of science ran parallel to, and in some instances ratified, the continued proliferation of accounts of terata as miraculous, strange, and portentous" (146). Refiriéndose a los libros de teratología de los siglos XVI y XVII,1 Elena del Río Parra afirma que hay una gran variedad: "algunos de base quirúrgica, otros médica, otros caen del lado de la filosofía natural o del ensayo de estética, mientras que otros son simplemente colecciones de historias que no tienen otro fin que el de entretener" (34). Los monstruos de la crónica del Virreinato del Perú2 se encuentran en una transición desde un mundo medieval hacia otro renacentista o de Modernidad temprana, así como entre el mundo europeo y el americano, y son en este sentido transoceánicos.

En cualquier caso, los tratados de teratología o los antiguos bestiarios medievales difícilmente fueron leídos por los cronistas. Lo que ocurre, en cambio, es que tanto los libros de monstruos europeos como los casos de la crónica peruana que observaremos tienen las mismas influencias y provienen de las mismas fuentes, muchas de ellas clásicas. Franklin Pease observa que " [e]ra preocupación de sus tiempos establecer la relación de los habitantes de América con la historia antigua aceptada, es decir, aquella procedente de los textos bíblicos y de la historia conocida del mundo greco-latino" ("Temas" 12). …

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