Academic journal article Bulletin of Hispanic Studies

Oro, Monas Y Papagayos: El Indiano En El Teatro del Siglo De Oro

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Oro, Monas Y Papagayos: El Indiano En El Teatro del Siglo De Oro

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De un tiempo a esta parte, sobre todo a raíz de los libros editados por Luciano García Lorenzo (2005; 2006; 2007; 2012), la crítica se ha vuelto a interesar por establecer una clasificación de personajes dentro de la Comedia Nueva: definir qué es un gracioso o dilucidar hasta dónde llega la función dramática del rey son solo algunas de las disquisiciones teóricas más corrientes. En cambio, no ha preocupado del mismo modo lo que queda más allá de las grandes categorías. Pero, todo sea dicho, una de las figuras más atractivas del teatro áureo sería el indiano. Desde un punto de vista cómico, se trata de un personaje prácticamente inédito hasta la irrupción de Lope de Vega,1 que será quien lo incorpore a la galería de tipos de la Comedia Nueva. Una novedad temprana que sobrevivirá al gran cambio de ciclo y que incluso, según el criterio de ciertos estudiosos, sería el precursor de otro modelo: el figurón (Brioso Santos 2011: 33, n. 1). Estamos ante una importante contribución de América al teatro barroco, fundamental en cuanto tiene un pie en ambos mundos, pero no la única, como quizás apresuraran Irving Leonard, o Martínez Tolentino (2001: 88). Su atractivo no es para menos, pues se trató de un elemento nuevo, llamativo y difícilmente clasificable, casi subversivo, para los rígidos parámetros de los siglos XVI y XVII. Una minoría que después de su periplo americano regresaba a España.2 El indiano pasaba entonces a integrarse dentro de una sociedad que lo contemplaba con extrañeza, para lo bueno y para lo malo. Un individuo en entredicho que ni era plenamente aceptado por la aristocracia, porque no tenía sangre azul, ni por el pueblo, pues planeaba sobre él la sombra de los verdaderos motivos que le habrían llevado a emigrar a aquel 'refugio y amparo de desesperados', que diría Cervantes. Ya lo puso de relieve Américo Castro muchos años atrás: 'La significación de las Indias para los que permanecían en la Península está bien clara: enriquecerse en el Nuevo Mundo ponía en peligro la limpieza del linaje, convertía al indiano en un posible judío, interesado en acumular una fortuna individual y secular' (Castro 1966: 322).

Poco importaba que conformaran un grupo reducidísimo, heterogéneo y disperso. Habría que recordar que una parte de los que pasaban a América fallecían en la Carrera de Indias, por enfermedad o hambre, si no guerreando contra las tribus amerindias. Puesto el pie en el Nuevo Mundo, a los supervivientes tampoco les esperaba el Dorado. Muchos fracasaban en su intento de medrar en la administración colonial, otros se arruinaban en aventuras comerciales y unos cuantos rescataban solo la vida de alguna expedición de conquista. A los afortunados a su vuelta a la Península les aguardaba un poderoso enemigo: los prejuicios sociales, que bien por envidia o desconfianza caían sobre él a plomo y le retrataban como un hombre ávido, receloso y lascivo, sin otro mérito que su portentosa fortuna, cuya procedencia mercantil era vista, cuanto menos, como sospechosa:

Es evidente que esa imagen que ligaba al indiano y al mercader en general, con la mezquindad y la codicia se hallaba en relación estrecha con una concepción distinta del trabajo y la economía mercantil: el principio de la previsión y el ahorro, la búsqueda de la ganancia, la inversión eran factores labores fundamentales para los mercaderes que eran interpretados por un gran sector social de manera superficial y peyorativa. (Campbell 2001: 78)

Una hacienda que en ocasiones le acaba posibilitando el parentesco nobiliario a través del matrimonio o la compra de títulos, una alianza frecuente entre una nobleza cada vez más endeudada y una burguesía deseosa por no pagar impuestos. Parece como si el indiano quisiera unir sangre y caudal, como si las riquezas traídas del Nuevo Mundo no fueran suficientes para ser aceptados en el orden de una sociedad cambiante, mercantilista, pero aún regida por principios monárquico-señoriales de naturaleza medieval. Por norma, era un personaje observado con suspicacia, ya que era creencia popular que aquel que pasaba a las Indias tenía un pasado inquietante o incluso era un fugitivo de la justicia. …

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