Academic journal article Bulletin of Hispanic Studies

Entrevista a Pablo Urbanyi

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Entrevista a Pablo Urbanyi

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En la Introducción a este número, Alejo López, coordinador del mismo, reasume el exilio como experiencia ineludible y medular de la literatura latinoamericana siguiendo a Emir Rodríguez Monegal, que en su día identificó explícitamente el tándem literatura/exilio como un marcador histórico esencial de la literatura latinoamericana, y arguye que tu obra se revela como un corpus ejemplar del mismo. Te toca huir de Argentina, tu país de adopción, precisamente cuando estaba empezando a despuntar tu carrera literaria. Habías publicado el libro de cuentos Noche de revolucionarios (1972) y tu primera novela, Un revólver para Mack (1974), una parodia de la novela policial con la que tuviste amplio reconocimiento crítico y de lectores. La hostilidad que implica el desplazamiento obligado trastoca necesariamente las pautas vitales. ¿Me pregunto si, por derivación natural, tu traslado a Ottawa en 1977 implicó también un replanteamiento, radical o en algún grado, de tu escritura?

Como no acostumbro a escribir de acuerdo a teorías y modas, sino más bien por influencia del medio ambiente y la vida dentro de ese ambiente, no hablaría de replanteamiento sino, justamente, de una presión por el cambio de mi medio. Llevé conmigo una novela escrita por la mitad, lo mismo que varios cuentos bosquejados o terminados en borrador. Y allí ocurrió lo que tomé por un desastre y por la muerte de mi carrera. Una vez acomodado con una máquina de escribir en español, no pude continuar ni redondear la novela ni tan siquiera un cuento, ni una oración. Y un buen día, más o menos al año, cuando ya daba clases de español en la Universidad de Ottawa, en una reunión en la que tenía voz pero no voto, pero sí ojos y oídos, presencié y escuché una discusión de los profesores titulares acerca de dónde realizar un almuerzo, ni me acuerdo con qué motivo. Lo cierto es que la simpleza del acontecimiento, pero la discusión feroz cargada de banalidades, me asombró. Tuve en cuenta que esa ferocidad tenía una carga oculta de rencores, rabias y envidias, y cuando volví a casa tomé nota de lo visto y oído, y a la mañana siguiente empecé a escribir mi primera novela en Canadá. No fue fácil, no. Previamente tuvo que existir un Congreso de Literatura Femenina, luego una serie de lecturas de publicaciones académicas, y una familiarización con el territorio de Ottawa y sus alrededores. Salvo asombros y sorpresas de ese Nuevo Mundo para mí, no me sobraban elementos. Sin embargo, fueron esos asombros y sorpresas las que alimentaron el contenido de En ninguna parte, una novela que parodia las estrategias de fondo de una publicación académica, precisamente.

Extraterritorialidad es un término que de manera recurrente se ha aplicado a tu obra, no por nada da título a este número. Es una categoría, si así podemos llamarla, que, desde que la empleó Steiner en su volumen de ensayos, Extraterritorial (1971), se ha revestido de nuevas connotaciones en este mundo globalizado en que la literatura se perfila como una estrategia de exilio permanente donde 'La única casa posible es la escritura', citando a Adorno.

En general, las reflexiones se realizan en orden cronológico y son posteriores a los hechos. Nombraste tres puntos claves y empiezo por el de la globalización. Este no es un fenómeno actual. Cuando el mundo se reducía al mar Mediterráneo, dentro de un comercio activo, hubo un fabuloso helenismo enriquecedor. Si bien, ya había nacido el tema de la nostalgia y el castigo al ostracismo era peor que la muerte, un Luciano de Samosata, cuyo idioma materno era el arameo, escribió en griego ático y se paseaba entre Antioquía, Roma y Atenas, donde vivió veinte años, y murió en Alejandría, Egipto, al servicio del Imperio Romano. Apuleyo, que también anduvo dando vueltas por esas ciudades, siempre extrañó Cartago, donde se educó. La actual es prácticamente sólo comercial, ya que la cultural está achatada para todas las mentes y limadas sus aristas para venderte mejor. La extraterritorialidad es un privilegio de la diplomacia y de paso del emigrante, refugiado o exiliado, a veces una condena para estos dos últimos. …

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